domingo, 25 de mayo de 2014


Ésta fue mi actividad del Módulo de Comunicación Social.

Historias de mi niñez
            Esta historia se desarrolló en una pequeña pero muy acogedora aldea rural que recibe por nombre La Asunción, enclavada en un lugar bastante alejado del poblado de Santa Cruz de Mora, Municipio Antonio Pinto Salinas del Estado Mérida y a una distancia de aproximadamente dos horas y media en vehículo rústico, en éste lugar alejado pero hermoso crecí en compañía de cinco hermanos Jhosnnathan, Marino, Daniel, Yudmary,  David y por supuesto de mis padres José Marino Hernández y Yudith Barrios, desde los siete años aprendí la importancia del trabajo en el campo y colaboraba con las actividades propias de la faena diaria, tenía mis dos mejores amigos unos hermosos semovientes de la raza canina que se llamaban Popí y Relámpago, ¿curiosos los nombres verdad? Si, despertaban en mí el mejor sentimiento de un niño inocente del campo.
            Un día a los trece años mi padre estaba aporcando un sembradío de tomate y nos mandó a Jhosnnathan y a mí a culminar la faena solos, salimos de la casa por las caminerias hasta aquel verde y hermoso lugar en compañía de nuestros perros Popí que parecía un copo de nieve totalmente blanco y Relámpago  que era de color marrón, el primero con un olfato sin igual para la cacería y el segundo como su nombre lo indica era muy veloz, al llegar al lugar los perros se retiraron mientras nosotros aporcábamos, vale destacar que esta operación consiste en amontonar tierra al pie de la planta para que la raíz no este expuesta al sol y tenga mejor sostén; Luego de unos minutos los perros ladraban continuamente en la montaña razón por la cual alerté de la situación a mi hermano y lo insté a seguir los perros diciéndole “Yony vamos a ver que tienen los perros”, él no se opuso y nos dirigimos al lugar.    
            El lugar era una montaña con muchas hojas secas pero a mí me encantaban los “cachicamos” como les decíamos muy bien guisados y con papas, para mí era la mejor exquisitez de la época fuimos caminando lentamente con las herramientas necesarias para desenterrar de su cueva al armadillo y con la cuchilla bien afilada para darle muerte, cual es mi sorpresa que mientras caminaba sigilosamente por la montaña  buscando el pequeño animal y mis mascotas en un paso que di repentinamente sentí en mis pies una serpiente enorme de color marrón, con la cabeza tan grande como la de un gato y en el momento que yo salté del susto lanzó su mordida, salve mi vida por el desnivel de aquella montaña, aunque siempre recuerdo como mi hermano al salir de allí jocosamente me gritó “ahí viene” mi grito fue terrible y acompañado de llanto, el susto no fue normal tanto que hoy veinte años después quise contarlo a ustedes.
            Luego de aquel incidente avisamos a mi padre quien fue con nosotros y recuerdo la encontró y sacrificó, posteriormente  la midió y su longitud era de casi dos metros, jamás olvidaré aquella experiencia así como jamás dejaré de decir que añoro comer cachicamo.

Jorge Alexander Hernández Barrios

V- 15.074.576

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