Ésta fue mi actividad del Módulo de Comunicación Social.
Historias de mi niñez
Esta historia se desarrolló en una
pequeña pero muy acogedora aldea rural que recibe por nombre La Asunción,
enclavada en un lugar bastante alejado del poblado de Santa Cruz de Mora,
Municipio Antonio Pinto Salinas del Estado Mérida y a una distancia de
aproximadamente dos horas y media en vehículo rústico, en éste lugar alejado
pero hermoso crecí en compañía de cinco hermanos Jhosnnathan, Marino, Daniel, Yudmary, David y por supuesto de mis padres José
Marino Hernández y Yudith Barrios, desde los siete años aprendí la importancia
del trabajo en el campo y colaboraba con las actividades propias de la faena
diaria, tenía mis dos mejores amigos unos hermosos semovientes de la raza
canina que se llamaban Popí y Relámpago, ¿curiosos los nombres verdad? Si,
despertaban en mí el mejor sentimiento de un niño inocente del campo.
Un día a los trece años mi padre
estaba aporcando un sembradío de tomate y nos mandó a Jhosnnathan y a mí a
culminar la faena solos, salimos de la casa por las caminerias hasta aquel
verde y hermoso lugar en compañía de nuestros perros Popí que parecía un copo
de nieve totalmente blanco y Relámpago
que era de color marrón, el primero con un olfato sin igual para la
cacería y el segundo como su nombre lo indica era muy veloz, al llegar al lugar
los perros se retiraron mientras nosotros aporcábamos, vale destacar que esta
operación consiste en amontonar tierra al pie de la planta para que la raíz no
este expuesta al sol y tenga mejor sostén; Luego de unos minutos los perros
ladraban continuamente en la montaña razón por la cual alerté de la situación a
mi hermano y lo insté a seguir los perros diciéndole “Yony vamos a ver que
tienen los perros”, él no se opuso y nos dirigimos al lugar.
El lugar era una montaña con muchas
hojas secas pero a mí me encantaban los “cachicamos” como les decíamos muy bien
guisados y con papas, para mí era la mejor exquisitez de la época fuimos
caminando lentamente con las herramientas necesarias para desenterrar de su
cueva al armadillo y con la cuchilla bien afilada para darle muerte, cual es mi
sorpresa que mientras caminaba sigilosamente por la montaña buscando el pequeño animal y mis mascotas en
un paso que di repentinamente sentí en mis pies una serpiente enorme de color marrón,
con la cabeza tan grande como la de un gato y en el momento que yo salté del
susto lanzó su mordida, salve mi vida por el desnivel de aquella montaña,
aunque siempre recuerdo como mi hermano al salir de allí jocosamente me gritó
“ahí viene” mi grito fue terrible y acompañado de llanto, el susto no fue
normal tanto que hoy veinte años después quise contarlo a ustedes.
Luego de aquel incidente avisamos a
mi padre quien fue con nosotros y recuerdo la encontró y sacrificó,
posteriormente la midió y su longitud
era de casi dos metros, jamás olvidaré aquella experiencia así como jamás
dejaré de decir que añoro comer cachicamo.
Jorge Alexander Hernández Barrios
V- 15.074.576
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